¿Por qué cerró el antiguo refugio para mujeres maltratadas en Santander?

 

En nuestro anterior artículo hablábamos de la Casa de Recogidas de Santa María Egipciaca, una de tantas instituciones de este tipo que por todo el mundo hispano funcionaban y literalmente recogían mujeres de la calle para protegerlas y darles un cobijo y comida. Y hablamos de mujeres de la calle no necesariamente porque se encontrasen en situación de trata de blanca y prostitución en Santander, sino simplemente porque eran rechazadas por su entorno familiar o de pareja y se encontraban en la calle. Así de simple. Un drama interesado desde el poder que se analiza en Los cuatro naufragios del Capitán, relato sobre el Santander del siglo XIX-XX en el que se comenta cómo era la realidad de prostitutas, raqueros y en general de las personas más vulnerables de la sociedad de Cantabria de ese tiempo. Sin edulcorantes.

¿Por qué este lugar de refugio para mujeres desamparadas, que sufrían las peores consecuencias de la desigualdad de género en Cantabria, por aquellos años, fue clausurado años después, para ser sustituido su uso por el de una cárcel? Lo que fue la Cárcel de Santander más oficial y que el poeta José Del Río Sáinz, alias Pick, describió como un presidio cuartomundista en el que no se ejercía ninguna vigilancia interior. En el que se mezclaba a presos comunes y gamberros, sin delitos de gravedad, con auténticos expertos del mundo del lumpen. Qué curioso cambio, ¿verdad? De ser un lugar de refugio para mujeres en situación de desprotección en Santander se transformó en todo lo contrario: una especie de cajón de sastre donde se mezclaba todo y era imposible toda rehabilitación. Más bien al contrario, cuando las internas e internos podían verse sometidos, entre esos muros faltos de control, a todo tipo de maltratos y abusos incluso sexuales, como ocurre siempre en todo centro penitenciario en el que se produce hacinamiento de la población reclusa.

 

Hoy en día, por fortuna, estas situaciones no se dan en el moderno sistema penitenciario español. Y aunque se dan otros problemas más actuales, como la falta de personal en las Instituciones Penitenciarias, se están publicando cada vez más amplias hornadas de vacantes para funcionarios de prisiones en Cantabria y todo el país. Una buena noticia, sin duda, para que los internos puedan recibir la atención y reinserción penitenciaria que se debe buscar siempre en todo centro de este tipo.

 

La Junta contra la Trata de Blancas en Cantabria

 

Pues bien. En el curso de mis investigaciones sobre este tema, la historia de las condiciones laborales de la mujer en Cantabria y su explotación, siempre relacionada con el crimen, no he podido llegar a otra conclusión que la siguiente: el descarado interés de autoridades y criminales organizados para evitar que las mujeres en situación de marginalidad de Santander pudieran tener ninguna salida a su situación que no fuera el ejercer la prostitución.

¿Cómo he llegado a esta conclusión? En gran medida por mi estudio de la prensa de la época y en concreto de unas publicaciones muy originales de 1904-1906, los semanarios como El Descuaje y el Don Preciso, que se dedicaron a exhibir estas vergüenzas en el foro público para que la ciudad entera tomase partido. Y entre los héroes y heroínas de entonces quiero mencionar a dos, sobre todo: la Condesa de Mansilla, presidenta de la Junta contra la Trata de Blancas, que también denunciaba estos abusos contra las mujeres en Cantabria. Y el Director de esos periódicos mencionados, Don Teodosio Ruiz González, Capitán retirado de la Marina Mercante, que se convirtió en el justiciero de la ciudad contra la corrupción. Y en este afán fue protagonista de dos juicios que salieron mucho en la prensa y que me han sido de gran utilidad para aprender muchas cosas sobre cómo estaban las cosas, realmente, en los bajos fondos de Santander de principios del siglo XX. Y como muestra este texto que publicaron en El Descuaje y que es inédito, a mi juicio, en toda la prensa española de entonces.

 

Siempre hemos aplaudido el celo inusitado que las señoras de la trata de blancas despliega en pro de los necesarios fines que persigue su caritativa asociación. Ahora bien, tiene un vicio en origen que la imposibilita momento de sumisión o el método empleado hasta ahora eh significado.

¡Qué lástima de causa generosa a punto casi de fracasar!

Y fracasará porque por encima de defectos naturales están otros factores.
Pero quiero hablar de la misma complejidad del problema. Decir que salvo un grupo de mujeres abnegadas, las demás no prestan la debida cooperación a esta causa de reivindicación de la mujer. Y es que, además, ni los asilos oficiales del Estado ni los conventos religiosos están en paridad con el fin qué estás señoras persiguen ni las leyes están en armonía con el principio educador y previsor Junta de humanitarias Damas de la Trata de Blancas de Santander.

La trata de blancas sigue igual, con su curso inquietante y progresivo desarrollo. La trata de blancos también sigue en lo mismo.

Para la trata de blancas y una sección de higiene en el gobierno civil, que vive y prospera de cuántas más sean las mujeres caídas. Para la trata de chicos hay otro reglamento de Protección del Trabajo que no se cumple casi nunca.

¡Cuánta miseria!

 

Dos importantes juicios contra el juego ilegal y la trata de blancas en Santander

 

Para documentarme sobre mi libro, Los cuatro naufragios del Capitán, he tenido que leer (con mucho gusto) la maravillosa hemeroteca de la época, donde he encontrado auténticos tesoros. Pero también esa cara oscura de toda sociedad y todo país, el mundo del hampa y sus consecuencias gravísimas para toda la sociedad, por ejemplo, en forma de abusos sexuales, que por desgracia eran tolerados y hasta incitados desde el poder público. No estamos hablando de la época actual sino más bien de un ambiente parecido al México de los narcos o las historias al estilo El Padrino, como oficiales de Policía que se alían con criminales y cobran de ellos.

 

En el transcurso de dos juicios contra los Al Capone de Santander de esta época, entre los siglos XIX-XX, salió a relucir todo esto. La turbia relación entre las autoridades, Policía incluida, con el mundo del crimen organizado en torno al juego ilegal y la trata de blancas. Y este mafioso al que me refiero aquí, un cubano veterano de la Guerra de su país, que se llamaba Diego Martín Veloz, tuvo su protector policial en el entonces comisario de Santander: un tal Narciso Tomás que destacaba por su brutalidad contra detenidos y rivales, inclusive los héroes y heroínas populares que se le oponían, entre otras cosas para que no forzara a tantas mujeres e incluso menores a la trata de blancas en Santander.

El propio Teodosio Ruiz, convertido en defensor de la moralidad pública de verdad, que consiste en posicionarse del lado de la víctima, recibía informes directos de la Condesa de Mansilla:

Que no puede ser, decía esta aristócrata, que lideraba entonces la lucha contra la trata en Cantabria: que cada vez que sacamos a una mujer de la prostitución, viene el Comisario Narciso Tomás y nos la quita. Y la vuelven a poner en la calle.

Así se las gastaban, por entonces, los uniformados que debían defender el Derecho de todas las personas, empezando por aquellas que están en situación de mayor desprotección. Por ejemplo, las mujeres que sufren explotación sexual en Cantabria, la cual era entonces incluso peor que hoy en día. Luego aclararemos por qué.

 

Hoy en día, en España gozamos de una protección por parte de los distintos Cuerpos de Policía que en esa época no se podía soñar. Y es que la historia de la Policía Local de Santander deja bastante que desear en sus inicios, como Guardia Urbana de Santander de entonces, puesto que su corrupción era tan evidente como lo pueda ser hoy en países en desarrollo. Por fortuna es una situación que hoy en día ha mejorado mucho y desde Códice, comprometidos como estamos en la preparación de las oposiciones para la Policía Local de Santander, conocemos bien el grado de preparación y el espíritu de honradez y servicio de los modernos guardias de nuestra ciudad.