La trata de personas en Santander, el juego y el alcoholismo durante la época de los vapores

 

Sería equivocado centrar el tema de la explotación sexual en Cantabria sólo en las mujeres. De hecho, una de las mayores sorpresas que me he llevado, en mi investigación sobre el Santander de Machichaco, es el momento en que descubro una rarísima denuncia contra la trata de blancos. Es decir, la trata de jóvenes en Santander, suponemos que de chicos varones jóvenes, de cuya existencia conocemos gracias de nuevo al testimonio del valiente Teodosio Ruiz. Un marino veterano reconvertido en periodista de investigación, en su propia ciudad, al que no le temblaba el pulso a la hora de denunciar escándalos que él ya había visto en otros puertos.

 

Y el tema de la explotación sexual de mujeres en Santander, si ya era de por sí un asunto tabú y que no se perseguía, la de blancos era si cabe más desconocida todavía y un tema se tapaba mucho más. Empezando por el pecado original de que estamos hablando de tendencias homosexuales cuya existencia misma era motivo de escándalo y por ello se ninguneaba. Como si no existiera. Pero esto convertía el asunto en algo mucho más sórdido todavía, inclusive por la falta de atención sanitaria el Servicio de Higiene del Ayuntamiento de Santander y la Junta de trata de blancas. Dos instituciones que no existían para los casos de prostitución masculina en Santander. Y esto les hacía más propensos a contagiarse incluso de enfermedades de transmisión sexual tan terribles como era la sífilis entonces, el SIDA de la época, que no tenía tratamiento conocido y provocaba auténticos estragos en sus víctimas. Y cómo se lamentaba Teodosio Ruiz, ¡cuánta miseria! Porqué las víctimas de la trata de blancos reunían todos los males de la insalubridad pública, la trata de personas y el tabú de la homofobia.

 

 

Estamos por tanto ante un raro caso de desigualdad de género en Santander pero a la inversa, en una época descarnado machismo social institucional, pero es que era ese machismo lo que convertía a los hombres de tendencias homosexuales, máxime si se dedicaban a la prostitución, en auténticos parias que no existía para nadie. La peor discriminación posible que empezaba en ellos mismos, las propias víctimas de esta trata de blancos, al sentir el rechazo y esa doble moral que siempre ha existido en nuestra sociedad. Y es que es curioso cómo el tema de la prostitución es pasado por alto constantemente en la prensa de la época. Había un pudor en general muy fuerte a la hora de abordar las relaciones personales y se trataba de evitar el escándalo a toda costa, pero es posible leer entre líneas cuando uno se acerca a determinadas descripciones.

La Guardia Municipal tuvo que arrestar ayer a dos mujeres que estaban causando escándalo en la calle Ruamayor de Santander

Pues bien. Es mi intuición personal qué detrás de estas anécdotas, aparentemente inocentes, se encuentran casos de mujeres que ejercían la prostitución y que habían reñido entre ellas. Porque no llega a conocer la época y los motivos por los que se detenía la gente. ¿Se las detenía por ejercer la prostitución? Nada de eso. La propia Policía Municipal de Santander de entonces era tan corrupta que se beneficiaba de la trata de blancas y permitía, por tanto, la extorsión de los proxenetas. Pero se trataba de guardar las apariencias y de no molestar en exceso a los vecinos, precisamente para no perjudicar el negocio.

 

Visibilizar la trata de blancas y el maltrato a la mujer en Cantabria

 

El increíble pintor montañés, Gutiérrez Solana, fue un auténtico revolucionario al retratar a todas estas personas que también formaban parte de la sociedad. Es el género artístico que se denominó feísmo, precisamente porque se retrataban personajes y situaciones a los que la sociedad daba la espalda. Pero estamos hablando siempre de personas que son casos aislados, en sus denuncias sociales, ya que la mayoría se acomodaba a la doble moral de entonces y a vivir como podían. Y daban la espalda a temas tan horribles como la trata de personas en Cantabria de entonces, que era mucho más preocupante incluso que hoy. Y así el sabio Menéndez Pelayo se lamentaba de la relajación de las costumbres, que revertía en una baja moralidad con incidencia en el crimen y el vicio. Un problema en el que las mujeres solían ser protagonistas pasivas y no sólo en el tema de la trata de personas. Porque el vicio del alcoholismo o el juego que era la plaga de entonces y lo sigue siendo, hoy sobre todo con el tema más actual de las drogas, siempre llevaba aparejado repercusiones en el ámbito de la pareja y la familia.

 

 

Y os quiero contar por ejemplo un caso muy dramático que se expone en mi novela, Los cuatro naufragios del Capitán, en el cual una mujer con 5 hijos esperaba cada noche a su ludópata marido. Un tal Nicanor Arenal que jugaba al los llamados prohibidos, es decir, timbas ilegales en las que se apostaba dinero, una de las cuales terminó como el rosario de la aurora cuando se desató un tiroteo en el local de juego en que se encontraba. Una explosión de disparos tremenda que se llevó por delante a varias víctimas colaterales, entre ellas Nicanor Arenal, que murió así de forma indirecta por su problema de ludopatía. Y su esposa le esperó hasta altas horas de la madrugada, cuando se enteró del fatal desenlace, y que había quedado viuda con 5 hijos en una situación deplorable. De hecho, se iniciaron colectas en varios locales de Santander para ayudar a esta pobre viuda, cuya economía familiar ya vendría lastrada por la adicción de su marido al juego, pero que con la muerte de éste condenaba al hogar a una miseria absoluta.

 

Tal era la dependencia del esposo que podía suponer en ese momento la ruina total de una familia y en especial si era numerosa y con niños pequeños, como en este caso. Una situación que ahora se pretende cerrar del todo en nuestra Historia con los distintos planes de igualdad de género en Cantabria, en todos los municipios y empresas del país, para evitar de una vez por todas que se sigan produciendo las situaciones injustas con las que convivimos cada día.

 

El doctor Madrazo, por ejemplo, se preocupó mucho de todas estas situaciones sociales que tenían su repercusión en la sanidad, en el orden público y en el bienestar común de la sociedad. De las familias. Porque el alcoholismo que entonces era una plaga, unido además al juego, constituía por ejemplo una fuente inagotable de problemas de salud pública de seguridad, así como de conflicto en las familias. Era lo que el doctor Madrazo llamaba sin ambages el problema del degenerado, que así lo llamaba. Esa persona de mal vivir que no sólo constituye un problema en sí mismo, sino que extiende su desorden en forma de atención policial, penitenciaria y de todo tipo, y que se transmite y prolonga a través de las generaciones cuando no se rehabilita la persona. Y hacía la lógica relación entre alcohol y drogas con otras adicciones, como la ludopatía o la prostitución, y su consecuencia peor en el maltrato de la mujer en Cantabria, que él conocía de primera mano por las consecuencias humanas que trataba como médico.

 

Espero que a través de las páginas de Los cuatro naufragios del Capitán podamos conocer el callejero de Santander, muchos de cuyos ignorados nombres estamos viendo aquí reflejados como benefactores de nuestra sociedad. Y espero que el Ayuntamiento considere la idea de dedicarle una calle a Don Teodosio Ruiz González, por su lucha sin tregua contra el hampa y la corrupción policial en Cantabria, siempre unida a la política, pero en especial por su especial sensibilidad para con las víctimas de la trata de blancas en Santander.

 

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